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La Coctelera

GLOBOVIDEO HISTORIAS CORTAS DE BOCAS DEL TORO

Desde un paraiso para Panamá y el mundo

3 Agosto 2010

WILLIAM CORTEZ, CRÍMEN Y CASTIGO

 EL SALVAJE BILL

El paraíso del Caribe se ha teñido de sangre con una espeluznante historia que ha conmocionado al país y al mundo; entre las apacibles aguas de las islas de Bocas del Toro se ocultaba un asesino, frio, calculador y despiadado.

Sus víctimas podrían ser más de 6, aunque se presume que en Chiriquí, en Costa Rica, Guatemala y Belice, la historia pudo repetirse con iguales consecuencias.

Esta sórdida historia empezó a develarse cuando en marzo de este año desapareció la norteamericana Cheryl Lynn Hughes, propietaria de un pequeño hotel en Isla Carenero. Inmediatamente, el esposo que reside en ciudad Panamá, inició las averiguaciones para dar con el paradero de Cheryl.

Viajó a la Isla de Bocas del Toro y se dirigió al hotel de su esposa, tocó la puerta y lo recibió un norteamericano, de complexión fuerte y de abundante cabellera y barba. Keith Werle se presentó y le preguntó directamente dónde estaba Cheryl. La respuesta lo dejó pasmado: Su esposa había vendido el negocio y se había marchado, sin despedirse y sin dejar dirección conocida...

Cheryl, de 53 años, era oriunda de St. Louis, había llegado a Panamá hacia 10 años en compañía de Keith. Cinco años después se casaron y ella decidió establecerse en Bocas del Toro. Los vecinos se refieren a ella como una mujer extremadamente cariñosa, alegre y asidua a las fiestas. Se le recuerda como amante de los animales y bondadosa con los niños.

Algo no encajaba en la historia y Keith lo presentía. Sus pesquisas lo llevaron a entrevistarse con Don Winner, un periodista norteamericano, radicado en Panamá, dueño de una prestigiosa página de internet. Winner inició sus averiguaciones y descubrió que las propiedades de Cheryl  estaba a nombre de una sociedad anónima: Southern Exposure Inc., del tipo de acciones al portador, más adelante, rastreó el nuevo nombre del hotel de Cheryl  "Casa Cortez" y encontró el nombre del nuevo propietario, William Adolfo Cortéz Reese.

William Cortéz aparecía como propietario de varios negocios, casas y terrenos, pero algo llamó especialmente la atención de Winner: Cortez era el presidente de una sociedad llamada Iguana Limited Corp, que anteriormente era propiedad del estadounidense Bo Icelar, que por aquellos días también había desaparecido!!!

Era suficiente, el 7 de julio Winner se reunió con Neftalí Jaén, Fiscal General Adjunto, y le entregó la información disponible. Alarmado, Jaén inició los trámites para una investigación a profundidad.

Cuando los investigadores panameños llegaron a Bocas del Toro, las sospechas se confirmaron; Cortéz había huido y no se conocía su paradero.

Wild Bill: una corta y cruenta historia.

William Dathan Holbert era el hombre que se hacía llamar William Adolfo Cortez Reese, conocido como "Wild Bill", había nacido en Henderson Ville, Carolina del Norte, un 12 de septiembre de 1979. Creció como hijo único de una familia cristiana y estudió en la North Henderson High School en donde se destacó como jugador de fútbol.

El camino para convertirse en un asesino en serie, del cual se hablará en mucho tiempo, empezó en 2005 cuando escapo de Henderson Ville para evadir una condena de dos semanas decretado por una corte familiar.

Más tarde, se  involucró en la venta fraudulenta de una casa y la policía le perdió la pista en febrero de 2006, cuando protagonizó una fuga al ser sorprendido conduciendo un auto robado en Wyoming.

Según datos no confirmados, entre 2006 y finales de 2007, Holbert estuvo en México, Belice y Costa Rica. En Costa Rica se le conoció vendiendo carros de segunda y administrando un bar en un conocido centro turístico. Durante todo ese tiempo Laura Michelle Reese lo acompañaba en sus fechorías al estilo de Bonnie y Clyde.

El hostal de la muerte

En los aproximadamente cinco años en que Marcos Francis Allen había vivido en Bocas del Toro se relacionó con muy pocas personas. A nadie le llamó la atención, pues es normal que algunos extranjeros encuentren en estas islas un verdadero retiro emocional, físico y espiritual.

En abril de 2003, Allen en compañía de su esposa y su hijo adolescente, se trasladaron a una finca recién adquirida cerca del poblado de Cauchero con el propósito de cultivar frutas y otros productos agrícolas.

Entre el 12 de noviembre y el 12 de diciembre de 2007, Allen y su familia desaparecieron  silenciosamente tal como habían llegado.

A diferencia de Allen, Bo Icelar (Barry Eisler Lawrence), de 60 años, sí que tenía muchos amigos, le gustaban los deportes y no bebía ni fumaba. Venía de Nuevo México en donde se dedicó a negocios relacionados con antigüedades y galerías de arte.

Desde 2004 construyo una hermosa casa en Big Creek, a unos minutos del poblado de Bocas del Toro. La casa y el terreno estaban valorados en más de 400 mil dólares.

En 2007, Bo les había dicho a todos que buscaba comprador para su propiedad; quería, según sus conocidos, irse a Republica Dominicana, Ecuador o regresar a Estados Unidos.

En noviembre de 2009 recibió una propuesta de compra y, para la primera semana de diciembre, no se le volvió a ver.

Un día antes de desaparecer, Bo había contratado los servicios de un trabajador para pintar la casa. Cuando el obrero se encontraba en plena faena vio un coche que entraba a la propiedad. ¡Era holbert!

Bo, se fue para Panamá, le dijo Holbert. El trabajador, que conocía bastante bien a Icelar, no dijo nada, pero su mirada se posó nuevamente sobre una esquina de la casa en la que descansaba un bastón del que no se desprendía Bo a causa de una lesión que tenía en un pié.

En la oficina de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), de Bocas del Toro, reposa una denuncia de desaparición de Bo Icelar interpuesta por un amigo. Tiene fecha de 13 de mayo de 2010. El 11 de junio de 2010, tuvieron que llenar otro reporte de desaparecido, esta vez el de Cheryl Hughes.

William Dathan Holbert llegó a Bocas del Toro en noviembre de 2007. Lo recuerdan como fanfarrón, bebedor y emocionalmente ambivalente. Decía, a quien quería escucharlo, que tenía muchas propiedades y negocios en Chiriquí y Centro América. 

Tenía que ser un gran negociante, pues para diciembre ya era propietario de una casa y una finca en la comunidad de Aguacate, a una hora de Isla Colón.

Se movía entre las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro. En Diciembre de 2009, contó que había comprado la casa de Bo Icelar y en marzo de 2010, se encontraba atareado remodelando un pequeño hotel en isla Carenero que había pertenecido a Cheryl Hughes.

Los vecinos dicen que era grosero, altanero y violento, que le gustaba portar armas de fuego y disparar a blancos imaginarios en su propiedad.

A muchos les pareció gracioso un anuncio promocional del Jolly Roger Social Club, de Cortéz, en el que señalaba: "Más del 90% de nuestros miembros sobreviven".

La cacería

Cuando el 19 de julio las autoridades se presentaron a la casa de Holbet en El Aguacate, este ya había huido.

La ruta de la fuga de Holbert se inicia por Chiriquí Grande, David, probablemente Volcán, en donde tiene propiedades, Paso Canoas, San José y Heredia en Costa Rica y la boca del río Sarapiquí, en la frontera con Nicaragua en donde fue perseguido, acorralado y capturado por miembros del ejército nicaragüense.

Mientras se activaba una alerta internacional para dar con el paradero de Holbert, en Panamá, las autoridades iban de asombro en asombro.

En una diligencia de allanamiento se encontró el pasaporte de Cheryl, tarjetas de créditos y cuentas bancarias. Horas, después se descubrió su cuerpo enterrado a un poco más de 300 metros de la casa de Holbert. Se necesitó la presencia de Keith para identificarla. Al día siguiente, apareció el cuerpo de Bo Icelar enterrado entre un montón de basura, su reconocimiento se dio gracias a registros dentales suministrados por las autoridades norteamericanas. Posteriormente, otros restos óseos fueron encontrados, probablemente sean de Marcos Francis Allen  y su familia.

Las investigaciones arrojan que Holbert poseía propiedades en Volcán, Boquete y Bocas del Toro que podrían ascender a más de 2 millones de dólares.

Hoy, la comunidad de Isla Colón está impaciente por la conclusión de esta historia, que Holbert y su novia sean juzgados y condenados y que se recupere la confianza de los inversionistas en las más hermosas islas del Caribe.

A su llegada a ciudad  Panamá, Holbert, con una media sonrisa, agradeció el gesto de los panameños en facilitarle una avioneta privada para trasladarlo y dijo que le encantaba Panamá y su gente. Más tarde, confesaría los homicidios de la familia Francis Allen, de Bo Icelar y de Cheryl. No se espera que confiese algún otro, no mientras las autoridades no encuentren otro cadáver.

servido por Daniel Gabriel 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

iracela

iracela dijo

Es increible que en Bocas del Toro sucedan cosas de esta indole, aunque no es la primera y posiblemente no sera la ultima. ya va siendo hora que nuestra gente aprenda que en la vida no todo es dinero, nos volvemos locos cuando los extranjeros compran nuestras propiedades y nos convierten en extranjeros en nuestra propia tierra. A raiz de esta fiebre de compra y venta indiscriminada de terrenos ( propiedades ) es que suceden este tipo de situaciones.
Tomemos conciencia y tratemos de retomar las riendas del destino de los bocatoreños aun estamos a tiempo de enmendar nuestros errores y salir a flote. orgullosamente cedula 1.

3 Agosto 2010 | 03:03 AM

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